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Agustín Ramírez

descubriendo alternativas

al caminar

“No se puede obtener resultados diferentes,  haciendo SIEMPRE  lo mismo.”
 

CONTEXTO.


Hace muchos años, éramos un grupo juvenil que tenía su sede en la Parroquia de San Juan Bosco en el DF, hoy Cd de México. Éramos un grupo entusiasta, dispuesto y numeroso que tenía por nombre las iniciales de las palabras que según nosotros nos definían: “Grupo Juvenil Apostólico Independiente (GJAI)” y en nuestro documento de programa y principios se explicaba el  ¿por qué?  Nos aplicábamos  cada una de estas palabras.  Solo resaltaría hoy la última:  “independiente” y era porque no nos había fundado una Parroquia, por lo mismo, no dependíamos de una Parroquia en particular, colaborábamos incluso con varias haciendo trabajo con jóvenes y adolescentes, no teníamos un asesor fijo y sobretodo porque creíamos en la necesidad de construir un Mundo Mejor,  digno de los Hijos de Dios, a través del trabajo conjunto, con  personas y jóvenes de buena voluntad, independientemente del credo o no credo religioso que profesaran. Esto era un principio muy apreciado por nosotros, sobretodo porque fue algo que nos tocó defender con vehemencia  cuando el grupo nació, ya que ese día, en nuestro  primer día formal de reunión, el grupo dominante en la Parroquia, quiso impedir el nacimiento de Gjai porque decían que ese planteamiento no era aceptable en un grupo católico.


Nuestras actividades, después de aquel caótico primer día, fueron de retiros para jóvenes de ambos sexos, llamados “Jornadas de Vida Cristiana”, retiros para Adolescentes llamados “Horizontes”, semanas de Juventud, participar en la misa con cantos e instrumentos eléctricos, reunión de grupo semanal, actividades propias de un entorno juvenil (fiestas, paseos, convivencias, deportes, etc) y todo ello realizado en diferentes comunidades donde nos invitaron,  aunque teníamos como base para nuestra reunión semanal a San Juan Bosco, que era una parroquia estándar en una colonia clase media, sin mayores problemas.

NACE UNA INQUIETUD, UN SUEÑO.


En una ocasión, después de una misión juvenil que algunos integrantes del grupo hicieron en los Reyes Michoacán, dos de ellos regresaron con la inquietud y obsesión de que deberíamos asumir un trabajo pastoral donde realmente se necesitara más de la Energía Juvenil y la posible creatividad que tuviéramos y así sacar realmente provecho de la intención de ser Apóstoles de Cristo. Después de mucha insistencia de estos compañeros y de visita a lugares posibles, se realizó una asamblea definitoria.    En ella se decidió que el grupo cambiaría su sede a la Parroquia de Jesús Nazareno, ubicada en el norte del DF y donde la colonia tenía características de Ciudad perdida, como son: casas de carton, sin drenaje, sin servicio de agua o luz, sin títulos de propiedad sobre el terreno en que cada familia vivía y con evidentes problemas sociales como alcoholismo, drogadicción, inseguridad, violencia intrafamiliar, familias monoparentales, etc.    Cabe aclarar que de los más de cuarenta que éramos al asumir este trabajo, sólo nos movimos trece a esta nueva sede y los restantes se cambiaron de Parroquia o regresaron a la que les correspondía por cercanía a su propia casa. Esto lo sentimos inicialmente como un cisma y tal vez ruptura del Espíritu que pregonábamos en como grupo juvenil apóstólico e independiente, pero años después descubrimos que tal vez esta (aparente) ruptura también se compaginó con los planes de Dios (pero es otra historia, que algún día contaremos) y así lo descubrimos años después.


En esta Parroquia de Jesús Nazareno, nos abrió las puertas del templo y de su corazón, un hombre santo y excelente sacerdote, el P. Abel Tellez, M.S.C.   Un hombre dedicado y convencido de su ministerio que tenía ya 15 años en esta comunidad y que había intentado de diferentes maneras, hacer que la comunidad tuviera vida espiritual, que buscara al Señor; pero que no logró avanzar mucho, de hecho lo calificaba de fracaso, y sentía desánimo. Tal vez por ello, el P. Abel se alegró de recibir a estos jóvenes y ver otra alternativa y dio entonces una gran apertura para poder trabajar pastoralmente en la forma que el GJAI  lo viera conveniente.

 

NUESTRO FRACASO


Empezamos a hacer todas las actividades que conocíamos para jóvenes, adolescentes, grupos  y parroquias.    Les empezamos a invitar al templo, a pláticas, íbamos a sus casas, les hablábamos en calles, patios, en las puertas de sus casas, quisimos hacer semanas de juventud, nos poníamos a cantar en la entrada del templo pero nadie llegaba, nadie nos pelaba y los pocos que llegaron a ir, se salían en cualquier momento.  Era común que empezáramos con varios alguna reunión o evento y termináramos solos, solo quedaba el equipo organizador. Nada nos funcionó, sentíamos que la comunidad era muy apática y la culpábamos de no interesarse en su vida espiritual, incluso llegamos a pensar que no tenían nada de interés por su propia superación como personas y con su entorno social. Seis largos meses después y con muchos fracasos encima, que nos pesaron en el orgullo, empezó a permear en nosotros la idea de que tal vez el problema no era la comunidad, sino NOSOTROS, los portavoces que CREÍAMOS ser lo mejor, tal vez, nosotros  ¡NO estábamos haciendo o no sabíamos hacer lo que teníamos que hacer!


Con esta espina e idea en la mente y corazón, empezamos a buscar respuestas, empezamos a preguntar, buscamos personas que trabajaban en comunidades sencillas, platicamos con  sacerdotes, dos de ellos  estaban en comunidades pobres y problemáticas, el P. Arnaldo Centeno S.J. y el P. Benjamín Bravo, sacerdote Diocesano. Esto nos abrió un mundo de ideas, empezamos a comprender la profundidad de palabras como “yo he venido a traer vida y en abundancia” Jn 10, 10; “el ayuno que yo quiero” Is 58;  “he venido a traer buenas nuevas a los pobres…” Lc 4,18;  etc.   Gjai  entonces, comenzó por pensar ¿qué haría Jesús estando aquí? ¿De qué les hablaría?  ¿Cómo y dónde lo haría? De los consejos y de la reflexión, fue surgiendo un plan… La que después llamaríamos “Misión Coltongo,” que tenía como base, las siguientes ideas que íbamos concluyendo.

 

 

IDEAS  QUE EMPEZARON A SER EVIDENTES: EL DESCUBRIMIENTO DE UN NUEVO CAMINO.
 
La temática (cuando la hubiera) sería sobre los intereses de la comunidad, sobre lo que ellos están viviendo, sobre lo que ellos (y no nosotros)  sienten que necesitan  y que debería dialogarse entre ellos en una forma sana. También debería haber momentos donde Dios, Cristo, La Biblia y la Iglesia pudieran dar pistas o luces sobre lo comentado. Las reuniones tendrían que ser un espacio de diálogo e intercambio de ideas y no un foro para choros, Rollos o doctrina. El espacio físico para reunión ya no sería el templo, donde GJAI o los que estamos en Iglesia, se podrían sentir cómodos, sino que tendría que ser en las calles, los patios, los callejones, los baldíos, etc.,  es decir, en los espacios donde la misma gente ya estaba o se reunía y que dialogando con ellos , aceptara compartir con extraños.

Las actividades deberían tener un ambiente informal y alegre donde no recibieran críticas ni rollos, sino en un primer momento haciendo planteamientos o preguntas  ligeras que ayudaran a que cada quien expresara lo que piensa y siente sobre lo que se hubiera planteado, es decir, la labor del trabajador pastoral, sería sacar a colación un tema específico, facilitar el diálogo, escuchar y sistematizar para poder dialogarlo en un segundo paso en base a lo que la Biblia, la Iglesia o Cristo opinara y en un tercer momento sacar si se pudiera una conclusión y terminar conviviendo.

¿Y CÓMO CONCRETARLO? EL INICIO DEL PROCESO.


Para definir la temática y a la vez empezar a relacionarnos con la comunidad, preparamos una ENCUESTA de unas 12 preguntas que llevaban el objetivo de tratar de descubrir y entender lo que las personas sentían de sí mismas, de su vida, de su entorno, sus principales problemas,  sus preocupaciones, su sentir en torno a Dios y la Iglesia. Estas preguntas serían memorizadas  por cada uno de nosotros, porque esta investigación, sería en forma de diálogo con las personas de la comunidad, al visitarles casa por casa y “presentarnos como el equipo de trabajo de “X” Padre a manera de que nos conociesen”, así conviviríamos con ellos y platicando informalmente  buscaríamos ir obteniendo las respuestas a las preguntas que habíamos memorizado. Desde luego, nunca usaríamos hojas ni anotaciones en su presencia, todo sería a memoria y en base a la charla que se tuviera.

     
Posteriormente con lo dialogado se llenaron los formatos de encuesta de cada visiteo, con ello logramos integrar una carpeta gruesa (tal vez más de 500 formatos) y a la vez hacernos “conocidos” en la comunidad como los jóvenes del P. Abel. Esto se realizó en un lapso de  dos semanas y en otras dos más se hizo un vaciado de información para definir las necesidades de la comunidad junto con los temas que se debían abordar. Los temas que obtuvimos fueron: tenencia de la tierra, inseguridad, machismo, violencia intrafamiliar, alcoholismo y drogadicción. Curiosamente el tema Iglesia-Dios-vida espiritual y su situación social (falta de servicios como agua luz, drenaje) ¡no aparecieron como importantes!


Esto nos ayudó a descubrir que lo que nosotros vemos y pensamos, NO es necesariamente lo que las personas que lo viven sienten como prioritario y por lo tanto fue un llamado a saber escuchar y comprender a los destinatarios del servicio que queríamos hacer, esta contradicción nos ayudó a construir la pedagogía de la Misión, nacida de una premisa, ahora muy clara….Hay una Realidad concreta, pero hay diferentes formas de verla y sentirla. Por lo tanto, convendría  usar la estrategia que proponía el P. Benjamín Bravo en su trabajo.

METODOLOGÍA.


En un primer momento, exponer objetivamente y sin calificar, un detalle o hecho que hayamos visto en la colonia durante el visiteo y así propiciar un diálogo entre ellos mismos, para que puedan escuchar las diferentes opiniones y tal vez buscar un consenso. En toda la reunión  nuestra función sería facilitar la comunicación mediante preguntas adecuadas que le den materia y razonamiento al punto expuesto, sin forzar, sin  imponer, sin  tendenciar, sólo preguntar y preguntar y reunir las aportaciones. El segundo paso, sería poner a consideración de todos alguna parte de la Biblia que pudieran dialogar y razonar  para sacar alguna conclusión de ese texto.  Y finalmente en un tercer paso, unir esta conclusión del texto, con lo que inicialmente comentaron de su realidad para entonces, llegar (si se pudiera) a un consenso nuevamente, una conclusión del día y tal vez formar una idea sobre el ¿qué hacer? o de ¿qué repensar al respecto? Esto se condensó en un documento llamado “Misión Coltongo” que se expuso al Párroco para su Revisión, se aprobó  y entonces, vino la siguiente etapa, la implementación, el ¿cómo?, el  cual de ser posible platicaremos en próxima ocasión.
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Celebración en acción de Gracias de la Reiniciación Cristiana y Ministerios.

Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, Azcapotzalco.