hugo 2.jpg

Hugo Noel Valdivia Ramos

33 años

Un científico en la iglesia

Comencé a ir al kínder a los 4 años y hoy estoy a menos de un año de terminar mis estudios doctorales en el campo de las ciencias de la salud. En todo este tiempo dentro de las escuelas, como alumno y como profesor, me encuentro con la pregunta: ¿es usted creyente? A lo cual contesto afirmativamente para sorpresa de todos. Parece raro que una persona que se llama a sí mismo como científico, que se asume como conductista radical -la teoría más naturalista de la psicología- y que, además, es muy crítico con cosas como la medicina homeopática, el psicoanálisis, el coaching, los libros de autoayuda y que la forma de escribir te diga cosas de tu personalidad, pueda ser un creyente.

¿Y por qué no? Otros grandes hombres de ciencia a lo largo de la historia han sido creyentes. ¿Por qué ahora parece tan incompatible? En mi experiencia estar en ambos lados tiene su dificultad, más que en la ideología, en la gente. Me he encontrado posturas del tipo: “si eres científico y eres creyente, significa que eres un mal científico”. Esta gente parece olvidar que grandes hombres de ciencia como Mendel, Faraday, Descartes, Planck, Pasteur, y probablemente el científico mas grande de todos los tiempos Sir Issac Newton, fueron creyentes. ¿Eso los hizo malos científicos? Al contrario, los seres humanos son seres completos y complejos. Sería injusto juzgarlos por una sola característica de su pensamiento y decir que “x causa y”, cuando en realidad somos muchas cosas al mismo tiempo. Del otro lado, -con los creyentes- me he llegado a encontrar con otras dificultades. Como el punto de donde comienzan las preguntas: ¿La interpretación de este o ese sacerdote sobre las escrituras es la correcta?, ¿podría ser algunas conclusiones sobre ciertos problemas como la homosexualidad, la muerte, la desigualdad, la naturaleza del mal, estarán muy apresuradas?, ¿podemos ser selectivos en que autoridades de la iglesia en verdad representan la voluntad de Dios y cuáles no? Todas estas son preguntas incomodas. Me parece que basta un repaso a la historia de la Iglesia para darnos cuenta de que no hemos tenido todas las respuestas, y que, así como fallos, también hemos tenido aciertos. Esto nos indica que mientras los tiempos cambian, nuestra iglesia y nuestra comprensión de la palabra de Dios también tienen que mejorar, el mundo avanza y nuevos desafíos irán apareciendo. Para bien del mundo, los extremos de cada lado son eso, extremos, y no es el sentimiento de la mayoría. La cual entiende que la lucha contra cosas como la intolerancia, la desigualdad y la pobreza son cosas que solo conseguiremos resolver entre todos.

No obstante, esta postura es algo compleja de consolidar. Es cierto que somos hijos de Dios, pero también es cierto que somos animales vertebrados superiores, y como tales nos manejamos en grupos. Grupos en los cuales hemos aprendido a convivir y a estar de acuerdo con ellos para generar cohesión. Ahora bien, cuando aparecen grupos rivales, los seres humanos generamos aun mayor cohesión con los de nuestro grupo. La sola idea de que “nosotros” vs “ellos” es increíblemente atractiva. Nos hace sentir que algo nos hermana, y que incluso si en nuestro interior sabemos que nos podemos estar equivocando, nos callamos en función del grupo. Tal es nuestra naturaleza humana. Y de acuerdo con ella, tendemos a tomar posturas.

En este punto aparece algo bien curioso. Mientras en los creyentes aparece una sensación de estar evangelizando. Parece que en los no creyentes aparece la sensación de estar haciendo ciencia. Ambos grupos están en un error. Acosar a los no creyentes, no es evangelizar. Los creyentes hemos elegido seguir a Jesús, y hacerlo no es una cuestión de actitud, tener fe no es “sentir bonito” cuando uno esta en misa o en los rituales. Vivir la fe es llevar las enseñanzas de Jesús a la vida diaria. Evangelizamos por las acciones cuando hacemos actos de misericordia, cuando luchamos por la justicia, cuando llevamos esperanza al necesitado, cuando visitamos al enfermo y alimentamos al hambriento, cuando perdonamos. Ejercer la fe solo desde la palabra de hecho, contribuye a la mala imagen que tienen sobre el creyente. “Eso de llevar comida a los necesitados, esta chido. Respeto lo que haces” -me dijo una vez uno de mis amigos no creyentes.

Ahora bien, los no creyentes que piensan que su no creencia los hace mas científicos. Esto es un desconocimiento de lo que es la ciencia. En palabras de Stephen Emott, “la ciencia es el escepticismo organizado”. Un científico es un sujeto que, observando la naturaleza, genera ideas sobre ella, que pueden estar equivocadas o pueden ser algo ciertas. Y que se pasara mucho tiempo verificando que tan equivocado esta, hasta que reduzca ese error lo mas que pueda y tenga derecho a decir “aquí puede haber algo de cierto”. En este caso, parece que la no creencia no figura mucho en el mapa del conocimiento.

En lo personal, he tomado lo mejor de ambos mundos. Como científico procuro tomar decisiones bien planteadas y fundamentadas. Comprendiendo que Dios nos habla por medio de su creación, y que nos ha dado la razón y la inteligencia para poder apreciar su voz escondida aquí. No busco los milagros como cuestiones sobrenaturales, sino en el mismo orden natural. En mi campo que son las ciencias de la conducta. Me esfuerzo por ser un hombre metodológico y riguroso. Que además no estaría aquí sino gracias a Dios y a sus enseñanzas que me han dado la fuerza, el valor y el amor al conocimiento. Como creyente, pienso que mi labor es como la de cualquier otro. Con el añadido de que hay un conocimiento que tengo, que no es mío y que debe ser puesto al servicio de los demás. Un mundo bueno necesita conocimiento bondad y valor.

2.png